Cuando nos acostamos, siempre me echaba
la pierna encima, recargaba su rostro en mi pecho, la abrazaba, a veces
levantaba la mirada, cuando me veía con la pupilas dilatadas, era señal de excitación, sabía que apretándole la
nalga comenzaría la faena.
La mirada de una mujer dice todo,
la dificultad está en aprender su lenguaje, es un idioma complejo porque son
manipuladoras, toda fémina lleva en su interior una actriz dramática, sí te
atrapa estarás perdido. Ahí la
complejidad.
Ella, siempre hermosa, aun en sus
días difíciles, también desvelada, desmadrugada, con lagañas en los ojos, sudorosa; entre sus
muecas y sus pucheros me reía, simplemente bella, lo bello estaba en su
actitud, amaba, sabia amar, llorar, era cabrona y tierna, nunca fue un mar en
calma, lo mejor que alguien te puede dar, es un amor multifacético, cuando todo
es inesperado y estimulante
También la odiaba, utilizaba
métodos desquiciantes para despertarme,
me picaba la cola, me ponía sus manos heladas, me dejaba la cortina
abierta hasta que el sol me quemara, ¡malditas manías!. Todo le perdonaba
cuando me despertaba con un beso y me dejaba volver a dormir.
