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martes, 11 de marzo de 2014

Deliciosa Mujer

Cuando nos acostamos, siempre me echaba la pierna encima, recargaba su rostro en mi pecho, la abrazaba, a veces levantaba la mirada, cuando me veía con la pupilas dilatadas, era señal de excitación, sabía que apretándole la nalga comenzaría la faena.

La mirada de una mujer dice todo, la dificultad está en aprender su lenguaje, es un idioma complejo porque son manipuladoras, toda fémina lleva en su interior una actriz dramática, sí te atrapa estarás perdido. Ahí  la complejidad.

Ella, siempre hermosa, aun en sus días difíciles, también desvelada, desmadrugada,  con lagañas en los ojos, sudorosa; entre sus muecas y sus pucheros me reía, simplemente bella, lo bello estaba en su actitud, amaba, sabia amar, llorar, era cabrona y tierna, nunca fue un mar en calma, lo mejor que alguien te puede dar, es un amor multifacético, cuando todo es inesperado y estimulante


También la odiaba, utilizaba métodos desquiciantes para despertarme,  me picaba la cola, me ponía sus manos heladas, me dejaba la cortina abierta hasta que el sol me quemara, ¡malditas manías!. Todo le perdonaba cuando me despertaba con un beso y me dejaba volver a dormir.

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