Me despertaron los rayos de luz que se filtraban entre las macetas de la ventana de tu habitación, esas extrañas plantas o flores(o no sé cómo se les llame) que definen bien tu personalidad, me indicaron que no estaba en mi cama; el dolor de cabeza me agobiaba, moví mi pierna debajo de las sabanas intentando sentirte y nada, estire el brazo y nada, me gire y tu lugar estaba vacío. Me levante y vi al exterior.
Me pregunte – ¿dónde estará? – me respondí –
en el baño – pero la puerta estaba a medio cerrar y me dejo ver que estaba vacío
y seco; recorrí el lugar con la mirada, entonces
levante el cuadro con la foto de tu novio que se cayó en la onda trémula de las
arremetidas; se ve buen tipo pero muy inocente para ti; también levante tus ligueros
del suelo, tu hilo dental y todas tus prendas, busque tu aroma y me vino a la
mente tu ebúrnea piel y esos tatuajes fenomenales, sobre todo el del bajo
vientre, la mariposita colorida, besarla es como picar el botón de tu meneo;
aunque el tatuaje que mas besos se llevo fue la rosa en tu tobillo, ese que se
recarga en mis hombros cuando estas sometida. Nunca imagine que debajo de ese
traje sastre existiera un pequeño universo, el piercing en la vagina fue la
cereza del pastel ¡hay Dios! (vuelvo a tragar saliva).
Mientras levantaba tus prendas no pude evitar
mirar tu juguete dentro del buro, sin duda, y lo celebro no tienes limitantes.
Me sigue doliendo la cabeza y tengo sed, fue
una parranda inolvidable, pero vale la pena, estuvo llena de emociones; debo
reconocer que me impacto tu reacción cuando el guardia del estacionamiento nos hecho
la luz de su lámpara cuando mecíamos el auto, pero me fascino mas esa manera
de desdoblarte entre el volante y yo
para salir a correrlo del lugar, fue una esgrima sutil y refinada pero
divertida.
Tan extraña pero sorprendente a todo momento,
nunca jamás vi a alguien tomar vino y fumar mariguana con tanto glamur, vaya
forma de conocer el sabor de la droga en tus besos; todavía siento la boca como
si hubiera mascado cartón, provocas adrenalina imperativa, eres endiabladamente
sensual pero mortífera.
Salí de la habitación buscándote, ingenuamente
pensé que quizá me preparabas el desayuno; solo encontré a Martha tu compañera
de cuarto, me invito un café, ahora
estaría muerta si no me lo daba por las buenas, no aguantaba la sed y el sueño.
Planchuela y caracolillo fino, eso dijo ella,
extasiado en el sabor olvidaba todos los olores y sabores de la resaca.
Martha me dijo que habías salido muy temprano, 7
u 8 de la mañana; unos amigos pasaron por ti y tomaron camino a Puerto
Escondido, porque es la temporada de las fiestas locales y de los torneos de
surfing; para mí que vas a fumar droga a manos llenas, lo digo porque vi tu
éxtasis.
Reconozco que odie el detallazo de tu despedida; fue una noche
inolvidable pero creo que no estoy apto para estas cosas, creo que ni el
demonio aguanta tanto ajetreo y tantas cosas malas juntas.
No cabe duda; esas macetas en tu ventana y sus cactus son la mejor
representación de tu personalidad. Bellos y espinosos.
Autor: GARIBALDI
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