tomar tu cadera como el tallo de aquella copa perfectamente dibujada sobre la mesa
y sorber el vino de tu cuerpo penetrando cual luz traslucida
Beber, saciarme
perderme,
desbordar el licor de mis comisuras resbalando hasta mi pecho desnudo,
perdido inconsciente y maravillado,
extasiado como bestia primitiva del manjar que eres,
me vuelves hombre y animal,
bruto insaciable hambriento y poseído de tu cuerpo.
Garibaldi

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